La Audiencia Provincial de Badajoz ha condenado a un hombre por un delito de agresión sexual con violencia e intimidación y acceso carnal a una menor de 14 años de edad, a doce años de prisión, con inhabilitación absoluta durante el tiempo de la condena.

Asimismo, se impone la medida de libertad vigilada al acusado por un periodo de ocho años, que se ejecutará con posterioridad a la pena de prisión impuesta, y la pena accesoria de acercarse a menos de 500 metros de la víctima, así como a su domicilio, lugar de estudio o trabajo o cualquier otro frecuentado por ella, así como a comunicarse con la misma por cualquier medio durante 15 años.

La sentencia establece una indemnización a la víctima, en la persona de su representante legal, en la cantidad de 9.000 euros.

Según se detalla en los hechos probados, el agresor era el padre de una amiga de la víctima. En la tarde del día 31 de enero de 2020, la joven acudió a casa de su amiga, de Badajoz, a donde llegó posteriormente el padre de esta, el cual le pidió que le acompañase a comprar unas cervezas.

Así, a bordo de un vehículo conducido por el acusado se dirigieron a un “chino” y tras realizar unas compras, se montaron nuevamente en el vehículo donde él intentó repetidamente besar a la menor en la boca contra su voluntad, consiguiéndolo en una ocasión, en que llegó a introducirle la lengua en la boca.

Al aparecer unos chicos en la zona el acusado emprendió la marcha hasta un descampado en la barriada de Suerte de Saavedra, donde volvió a besar a la chica en la boca contra su voluntad, y la agarró para intentar ponerla encima de él.

La menor trató de abrir la puerta del coche para salir, impidiéndoselo el acusado, que, tras reclinar su asiendo, sujetó a la menor y consiguió colocarla sobre él. En ese momento, y como quiera que no podía abrir el botón del pantalón la joven le arrancó el cinturón, que llegó a partirse, arrojando uno de los trozos por la ventanilla.

Seguidamente, el acusado le abrió el pantalón y metió su mano, haciéndole tocamientos a la menor en sus genitales hasta que llegó a introducirle un dedo en la vagina.

Después de varios minutos, y tras rogarle insistentemente la menor que se marcharan de allí, el acusado accedió, si bien, durante el trayecto de regreso al domicilio, volvió a tocarle sus partes íntimas por encima del pantalón, a la vez que le decía “hace mucho que te tenía ganas, de vez en cuando te voy a llamar al móvil”.

Según la sentencia, los hechos afectaron psicológicamente a la menor, que comenzó a presentar cambio de comportamiento y alteración de la personalidad tras los mismos, con “conducta disruptiva, alta impulsividad y desregulación emocional”.

De hecho, según el relato de su madre, de origen rumano, a raíz de la denuncia comenzó a recibir amenazas, por escrito y verbalmente, tanto ella como su hija, razón por la que decidieron marcharse del barrio y cambiar de domicilio.

La menor, tras lo sucedido, cambió su de forma de actuar bruscamente, con desapariciones de casa, e incluso con un intento de suicidio tomando pastillas.

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