Las reservas de agua del Guadiana a su paso por Extremadura son un 25% menores que la media de los últimos 10 años. Por otra parte, el regadío en la región no para de crecer, se ha incrementado la superficie regada un 27% .
–  El Proyecto del Plan de regadíos no presenta otras alternativas. En palabras de Ecologistas en Acción de Extremadura “echa en brazos de la agroindustria a los agricultores extremeños, pues no se presentan alternativas para la mejora del rendimiento, como implantar modelos agroecológicos”.
–  Se ha demostrado que la automatización del riego en los cultivos extensivos, como la que plantean los proyectos de Inteligencia Artificial y robotización, acaba con puestos de trabajo y generan temporalidad.
Ecologistas en Acción de Extremadura ha presentado alegaciones al proyecto del Plan Estratégico Regional de Regadíos de la Comunidad Autónoma de Extremadura 2020-2026 e insta a la Junta de Extremadura a que frene la expansión de los regadíos en Extremadura.  Recientemente se presentaron alegaciones contra el plan de regadíos en Tierra de Barros, por considerarse insostenible
EL REGADÍO CONSUME GRAN CANTIDAD DE RECURSOS HÍDRICOS DE LA REGIÓN
Es evidente que los proyectos de regadío aumentan el gasto de agua y la ausencia de caudal ecológico se da con más frecuencia en los ríos extremeños. Los recursos hídricos ya se están rebajando por el cambio climático, no se debe contribuir a ello con más gasto de agua innecesario, explican desde Ecologistas en Acción. Por situarnos, las reservas de agua del Guadiana en la zona centro (la que corresponde a Extremadura) son un 25% menores que la media de los últimos 10 años, esto hace plantear la posibilidad de un colapso hídrico. En la actualidad, los recursos renovables que en el imaginario colectivo son inagotables, ya no lo son tanto. Solo hay que recordar los problema que se han dado este verano por falta la bajada de los niveles de agua en varias localidades extremeñas, en zonas como La Vera, Campiña Sur. etc.
Ecologistas en Acción de Extremadura hace notar que un río es una corriente continua de agua, no un “rosario de charcos”, por lo que reitera la necesidad de recuperar íntegramente los ríos, su configuración natural y sus riberas, la vegetación en todo su trazado, así como los bosques de galería. Y señala que ahora las riberas de las zonas de regadíos son quemadas anualmente y los pequeños arroyos roturados o rociados con herbicidas.
Por otra parte, el regadío en Extremadura no para de crecer, en la región se ha incrementado la superficie regada nada menos que en un 27% en los últimos años. Planes elaborados a la manera de este contribuyen de manera importante a agudizar esta situación. Al igual que lo hacen los proyectos basados en regadío, entre los que destaca la planta de refinado de azúcar de remolacha que se planea para Mérida, la cual afectaría al 60% de las tierras de regadío de la provincia de Badajoz, “por lo que el posible impacto sobre el resto de cultivos y sus industrias asociadas podría ser muy negativo”. La remolacha es un cultivo que consume grandes recursos hídricos, está muy mecanizado y genera muchos residuos.
Hay que contar con que parte del agua que hoy en día se usa para el regadío será necesaria mañana para al abastecimiento humano de todo el centro sur de la comunidad. Por todo ello, Ecologistas en Acción de Extremadura considera esencial que no se creen nuevos regadíos hasta que no se alcance un cierto reequilibrio hídrico, para lo que además es muy posible que sea necesario reducir la actual superficie regada. Por ello, la organización considera que la Junta debe cambiar de raíz su modelo e intereses. Además, transformar el secano en regadío acrecienta el riesgo de que se produzca contaminación de las aguas subterráneas y superficiales en casos como este, pues el Proyecto del Plan de regadíos explica que se usará fertirrigación, que aunque pueda suponer un uso menor de fertilizantes, impone de forma generalizada la aplicación de fertilizantes disueltos en el propio agua de riego (lo cual es incompatible con la producción ecológica).
La organización verde afirma que se debe aplicar la máxima “sin excedente no puede haber regadío”. Por ejemplo, durante los últimos tres meses, se han emitido 52 Resoluciones sobre regadíos, de las que al menos una quinta parte son en Zonas de Especial Protección para las Aves (ZEPA) o Red Natura. De estas 52 solicitudes, tan sólo se ha denegado una. Ecologistas en Acción de Extremadura señala que no solamente no se frenan las propuestas de regadío, sino que se promueven por parte de la Junta, como es el caso que nos ocupa. Así, a la vez que se implantan instalaciones de energías renovables en zonas regables de Extremadura que están declaradas de interés general, se anuncia, en pleno 2021, la intención de la Administración de “proteger, garantizar e impulsar el desarrollo del regadío en Extremadura”. La organización ecologista afirma que “en ningún caso los ciudadanos tienen por qué asumir los costes de las actuaciones originadas por particulares o empresas del sector agrario. Si se evaluara correctamente esta variable, probablemente determinados usos serían simplemente ruinosos”.
LOS REGADÍOS FAVORECEN EL CAMBIO CLIMÁTICO
Respecto al gran consumo de agua que se deduce de este proyecto, queda claro que es totalmente incoherente en un escenario de cambio climático como el actual, ya que una de las causas del calentamiento global es la agricultura y la ganadería en base a modelos industriales de agroexplotación. Además, en España las emisiones de CO2 agrícolas se deben en un 60% al regadío, pese a que sólo suponen el 21% de la superficie de cultivos, es decir, la emisión de CO2 en regadío es cinco veces superior a la del secano. Una buena medida contra el cambio climático es recuperar los acuíferos; proteger de forma estricta las masas de aguas subterráneas y superficiales debe ser un objetivo para la Administración y la sociedad, considera Ecologistas en Acción. Sin embargo, “si ha habido coordinación hasta la fecha ha sido precisamente para todo lo contrario: En nuestro país hemos asistido a la complicidad entre instituciones y ciertas empresas para impulsar un modelo desarrollista, herencia de unas políticas neoliberales, propia de un modelo económico caduco”.
La organización ecologista explica que el órgano responsable a nivel ambiental, que conoce el volumen de proyectos de este tipo realizados, autorizados o en trámite, debe analizarlos con rigor, evaluar el impacto acumulado de todos estos proyectos y analizar cómo transforman Extremadura en su conjunto. Este análisis del efecto acumulativo no ha sido llevado a cabo.
LA TRANSFORMACIÓN DE LOS CULTIVOS AFECTA A LA FAUNA Y LA FLORA
En la resolución sobre el proyecto, avalada por la Junta de Extremadura, no se menciona que el regadío potencia la desaparición de la mayoría de las especies autóctonas. Es sabido que la transformación a regadío de los paisajes agrarios mediterráneos tradicionales degrada los paisajes naturales. Los cultivos de secano extensivos, como los que serían transformados por el presente proyecto, constituyen el hábitat de múltiples especies, muchas de ellas protegidas, como es el caso de las últimas poblaciones de Avutarda o Sisón. Los cultivos cerealistas, que se ven así reducidos, son importantes zonas de alimentación para especies como el Cernícalo primilla, y son zonas de nidos para el Aguilucho cenizo, o el Alcaraván. El Estudio de Impacto Ambiental (EIA) presentado debería contener un análisis adecuado de las especies protegidas y atender al Catálogo Regional y Nacional de Especies Amenazadas. De igual manera, se debe evaluar los efectos del regadío de montaña en sus gargantas y ríos de montaña. Por todo ello, el Proyecto debe atender a la Red Natura 2000 y la RENPEX, y al Programa de Conservación del Dominio Público Hidraúlico.
A lo anterior se unen otros impactos ambientales por la transformación a regadío, como la eliminación de los restos de vegetación natural, que se agrava por el efecto negativo de los herbicidas sobre la vegetación silvestre. El Proyecto no evalúa adecuadamente sus efectos sobre la flora autóctona ni articula medidas para salvaguardarla. A menudo, la vegetación existente es eliminada a conciencia. Asimismo, el Plan afectará a numerosas Vías Pecuarias. El Estudio de Impacto Ambiental (EIA) debería haber previsto esto ya, así como el aumento del tráfico rodado, la eliminación de vegetación natural, etc. Por ello, este EIA debe ser devuelto.
AUSENCIA DE ALTERNATIVAS EN EL PROYECTO PRESENTADO
Cabe destacar que el Proyecto del Plan de regadíos no presenta otras alternativas, ni siquiera medidas intermedias para mejorar los rendimientos agrarios y su economía dentro del secano. En otras palabras, echa en brazos de la agroindustria a los agricultores extremeños. En este sentido, no se presentan alternativas para la mejora del rendimiento, como podrían ser implantar modelos agroecológicos o técnicas novedosas, como pueden ser el Key-line, la agricultura regenerativa, los cultivos con cobertura vegetal, la cosecha de agua y otras tantas otras opciones novedosas para aumentar el rendimiento agrícolas sin tan altos costes. Estos modelos agrícolas citados hacen a los cultivos más resilientes al cambio climático y menos dependientes de recursos externos. Tampoco se contemplan en el Proyecto otros modelos de agricultura que controlen la contaminación por agroquímicos, como son la agricultura ecológica o la agroecología, ni se presentan alternativas orientadas a consumir menos agua.
Ecologistas en Acción de Extremadura afirma que este Proyecto denota una falta de apoyo total a la agricultura y a los agricultores de secano que, por unas u otras razones, no pueden o no quieren entrar en el modelo agroindustrial del regadío. Este Plan supone un trasvase económico de subvenciones, ayudas y construcción de infraestructuras, mediante un dinero público del que los agricultores de secano ya no podrán contar para reequilibrar su rentabilidad, y que además supondrá “una competencia feroz y desleal” a los productos típicamente de secano, como el olivar, el almendro o las viñas. De la lectura de este Proyecto se desprende “de forma evidente que el Plan de regadíos presentado no busca una mejora en la calidad alimentaria sino, tan sólo, en la cantidad producida”.
La realidad de la agricultura, y muy especialmente de los cultivos como la viña y el olivar, es que está sumida en una crisis de baja rentabilidad por la tendencia a la baja de los precios, debido a que la globalización dinamita los precios justos. En realidad, no se conseguirá aumentar la rentabilidad con aumentos de la producción, esto solo se puede conseguir con mejoras de la calidad de los productos, y con participación de los agricultores en la comercialización y transformación, de las cuales son habitualmente vetados.
El Plan pretende que los cultivos intensivos y superintensivos reemplacen a los tradicionales, dado que el objetivo de las variedades de árboles elegidas es que tarden poco en producir, lo que supone un escaso desarrollo de los mismos y que sean reemplazados tras un ciclo vital hiper-acelerado. Ecologistas en Acción de Extremadura hace notar que “no hay más que comparar el porte majestuoso de un olivo centenario con el esquelético y jibarizado olivo de la producción superintensiva”.
 
RENTABILIDAD SOCIAL DEL PROYECTO Y COSTE A NIVEL LABORAL
Por último, la organización ecologista señala que la supuesta capacidad del regadío para fijar la población es un clásico del argumentario, que se ve contradicha por la realidad. El propio Ministerio de Agricultura no es capaz de demostrarlo con datos. Puede comprobarse que muchas comarcas que disfrutan desde hace años de sistemas de riego tienen una densidad de población muy baja. Una de las causas que ha ido expulsando a la población es, justamente, haber limitado los territorios rurales a las actividades agrícolas. Se ha demostrado que la automatización del riego en los cultivos extensivos realizada mediante programadores, telecontrol o con dispositivos remotos, acaban con puestos de trabajo y genera temporalidad. Este es un modelo similar al que ahora se plantea con los proyectos de Inteligencia Artificial y robotización para el campo. Por otra parte, en las zonas de cultivo superintensivo, con alta necesidad de mano de obra para tareas penosas (por ejemplo invernaderos y recolección), se dan unas condiciones laborales tan precarias que sólo atraen a la población flotante o nómada en momentos puntuales y no a los jóvenes extremeños.

Comparte en tus redes sociales: