El MUBA tiene ventanas. Y balcones. En su fachada y al óleo. Son balcones en lienzo por donde asoman la infancia onírica de Naranjo, las palomas de Silveira, las damas de Felipe Checa o la joven entre paños de Jaime de Jaraíz.

   En este tiempo de confinamiento, los balcones son el aire fresco, la pausa en el devenir rutinario de los días, el aplauso a quienes nos velan, los gestos de ánimo, las miradas perdidas, los sueños demorados.

   Este voyeurismo obligado que nos invita a abrir ventanas y balcones son el diálogo nuevo y aceptado, la conexión al mundo exterior que nos hace sentirnos sociedad. Nos aleja de la monotonía, de la ansiedad y el encierro, de la soledad. A quién sorprende entonces que artistas de todas las épocas y estilos hayan buscado asomarse al mundo por balconadas y ventanales como escenario de sus pinceles.   El Museo de Bellas Artes de Badajoz nos invita a un periplo digital e imaginario por la Venus de Tiziano recostada desnuda frente al jardín de su ventana. O al expresionismo de Bonifacio Lázaro observando desde un ventanuco rostros perdidos.

    Todo sucede en espacios abiertos a la luz o la oscuridad, al paisaje o la imaginación, como en el estudio de Isaías Díaz, como el testigo de Fernández Callejo observando desde el cristal lo que sucede en el exterior, la devanadera de Felipe Checa disfrutando sentada de la luz del ventanal que ilumina su diálogo, y el retrato del arquitecto Francisco Vaca de Adelardo Covarsí en su despacho con castillo en lontananza.   Hay más. Si no, que se lo digan a Antonio Juez y su “Carmen” reposando de espaldas a un gran ventanal abierto a la ciudad. O esos “zapatos del labrador” de Vaquero Poblador con el ventanuco abierto. O la leyenda del castillo de Covarsí.

   En todas estas obras -y más por descubrir- exhibidas en el MUBA, los balcones y ventanas son el común denominador, el soplo de aire fresco, cuando no la penumbra. Costumbrismo y modernidad de contraventanas y forjados que ahora, en esta coyuntura que nos confina tantos días ya, despeja los sentidos.

   El arquitecto del Renacimiento Leon Battista Alberti sugería que un cuadro “es una ventana abierta a través de la cual puedo mirar la historia” Y así es, tantas como lienzos por donde contemplar lo cercano, cuando no la lejanía abierta de par en par por las paredes del MUBA.

 

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